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PEQUEÑOS GESTOS

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Esa noche sintió un quiebre, gestos que esconden grandes verdades. Es simple: rituales añejos aprehendidos y aprendidos por pura observación en las reuniones en que era un chico y las cosas sucedían mientras él corría por el patio o jugaba con los primos. La botella de Gancia o Cinzano sobre la mesa redonda del patio, junto a la parrilla improvisada sobre una chapa y dos o tres hileras de ladrillos mientras los grandes conversaban y se reían. Las mujeres iban y venían con vasos para llenar y algún platito de aceituna. El aperitivo se preparaba con hielo y limón del verdadero, del de los árboles y, mientras tanto, el carbón empezaba a crujir. Para entonces la línea imaginaria de peligro se había instalado. Los chicos, lejos del carbón, de los vasos de vidrio y del alcohol. Cuando Analía y Ricardo, lo vecinos, llegaron cada uno con un vaso de Gancia en la mano (la botella la habían dejado en la casa), el gesto de alegría en la cara de mi viejo se transformó. Se le fruncieron las cejas, l...

LOS DESENTENDIDOS

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  LOS DESENTENDIDOS julio 27, 2023 Ya sé que el dolor de un hermano, de un padre, de una hermana es otra cosa. Duele acá. Donde no duelen ninguno de los otros dolores y se instala como una llaga que no cicatriza nunca. YA NO SOMOS LOS DESENTENDIDOS. Ya no jugamos en el parque mientras ellos están en el interior o haciendo un asado en el fondo, justo detrás de la casa de mi abuela, aunque la escritura no esté a nombre de ella. La casa de mi abuela porque ahí está ella con su batón y sus manos que toman eternamente una cuchara de madera para revolver el guiso esperando que lleguen los hombres o los pibes de la escuela. La casa donde está la muñeca de Vicki, detrás de la vitrina del aparador. La casa en la que todavía duerme Lili. Y no digo más. Ellos hacen un asado en el fondo. En el patio de mi abuela. Nosotros, en cambio, estamos adelante, donde mi tío Ruben se está haciendo la casa, donde mi tío Pocho pinta los autos, en el terreno que compraron los dos. Hay secretos. Hay silencio...

Engaños

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  Febrero 12 Engaños Todo es una farsa. No quiero citar a Borges porque es como mucho pero lo cierto es que sentada frente a esta netbook, agradable los 24 grados centígrados, debajo del ventilador de techo, el día que ahora inicia a las nueve y catorce, mis manos deslizándose sobre el teclado como si fuera una pianista. No. Nada de eso. Sí, por supuesto, hoy es 12 de febrero y no puedo evitar pensar que hace un mes nomás lavaba y relavaba prendas de toda índole para después hacer mi gran trabajo doméstico de líder organizadora de bolsitos, bolsones, valijas y valijones. A punta de Bic, sobre cuaderno rayado, guionaba los distintos ítems señalados. No olvidar el protector solar. Claro que la preocupación venía a refritar un olvido pasado que ahora con pensamiento de mujer superada veía como una nimiedad. Y bueno si me olvido de algo, allá se comprará, tampoco es que vamos a una jungla. De todas maneras siempre es mejor dejar todo lo más listo posible. Porque es verdad que v...

DIOS ERA PSIQUIATRA

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  Colapso. Busco un psiquiatra que me explique por qué a veces las palabras no salen o no las encuentro. Otras, es peor, no es que no salen, sino que se tropiezan dentro de la boca, chocan en la lengua, contra el paladar, dan de bruces entre los dientes y empujan agarradas entre los labios que intentan abrirse. Los demás seguramente lo han notado.  Pero las palabras, cada una deshaciéndose en la boca como un chocolate duro, desmembrándose en letras que intentan asomarse primero, así, con o sin barbijo. Eso. Era eso lo que quería contarle. Sin embargo, se me salieron las dos muertes de estos dos pibes. Uno que soñaba con vivir a veces y otras con irse a descansar. Otro de repente, solo, ensimismado, con la boca tocando el pecho y una cartita en el bolsillo del pantalón. Las dos: crudas e inexplicables muertes de cuerpos y almas jóvenes. Y se escapó el rito, el agua que guardaban mis pestañas. Hubo también una pelea, una intrusión, una violación de territorio ajeno.   Los c...

El portarretrato

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  Al fin se encontró sola en una casa inmensa. La abuela había muerto y ella era la única heredera. Pocos recuerdos tenía después del accidente que se había llevado además de su auto nuevo recién comprado, momentos importantes de su vida, que el médico había prometido que de a poco volverían. Se tomó unos días para poner la casa en condiciones. Lo demás se haría con ella adentro.   Comenzó por renovar un escritorio de los años setenta que encontró en la casa. Iba a comprar herrajes cuando recordó aquel cuarto donde se acopiaban muebles y toda clase de trastos.   Algo allí podría servir, se podría reciclar. Pensó en los herrajes de una cómoda vieja. El mueble estaba arrumbado en el cuarto del fondo. Buscó las llaves de los tres candados que sellaban la vieja puerta de hierro macizo, además de las dos cerraduras. Con una escoba y una franela en cada mano cruzó el patio. La llave giró con dificultad pero finalmente logró abrirse. Detenida en el umbral del cuarto elevó la esc...

En la ruta

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  Íbamos él y yo en el viaje. Un ómnibus que nos devolvía a casa. No me gustaba nada esa segunda fila. Me preguntaba cómo alguien podía viajar pegado al vidrio delantero en el piso superior de ese vehículo que ya se internaba en una ruta oscura y angosta. Las luces se habían apagado en el interior del micro y quedábamos expuestos. Tenía ganas de llorar, de gritar, de despertar a toda la gente que viajaba con nosotros y avisarles que estábamos en peligro. Para qué… si íbamos a morir. Era mejor que no lo supieran y me daba bronca no poder dormir plácidamente como lo hacían ellos. Escuché atentamente, casi con esfuerzo, la conversación de los choferes. Había un chofer que viajaba de garrón y se había acomodado con ellos para darles charla. No recuerdo exactamente qué decían. Creí escuchar algo acerca de una vieja ruta para evitar el puesto de peaje. Yo trataba de mirar por la ventanilla pero Juan estaba del lado de ella. Había una oscuridad profunda. El micro se deslizaba ya en esa vi...

La Cocinera

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  Todo mal con ella, viste. Tipo que es mi amiga pero rejodida. Tiene un problema serio conmigo: No entiende. No entiende que no soy su hija ni su madre, que tampoco lo fui en otra vida y que cada una tiene la madre que le tocó. Se puso como loca cuando supo que iba a participar en el curso de cocina. Yo acá soy la moza nomás y nunca demostré interés por el arte culinario, ni fuera del restaurante ni dentro. Así que creo que la tomó de sorpresa. Yo tampoco lo esperaba pero el otro dueño, el que viene poco, me dijo que necesitaba otra cocinera, que iba a abrir otro negocio, aunque un poco más chico. Eso sí, fingió ponerse contenta y me prestó algunas recetas (no todas, estoy segura). Vas a rendir con Antonia, me dijo y a lo mejor va Rogelio también, si tiene tiempo porque es chofer de una vieja ricachona a la tarde. “Vos anotate que yo te voy a decir unos secretos para que tengas en cuenta." Y me los dictó. "Ni se te ocurra contarle a Rogelio, sólo a Antonia y a vos les ...

III

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    Injusticia Incomprensión Abandono Violencia Cuchillo Muerte Maltrato Destrato Ausencia Ausencia Y más ausencia Una boca negra y oscura Mentiras Hipocresía Traición Una bolsa de malos comportamientos Más soledad Más silencio Más muerte Más olvido Y un pasillo largo donde las palabras no caben Pero el abrazo de los desprotegidos De los que trabajan De los que no son nunca escuchados Pero el abrazo El abrazo Vendrá otro día y el silencio Ya no será silencio.