PEQUEÑOS GESTOS
Esa noche sintió un quiebre, gestos que esconden grandes verdades. Es simple: rituales añejos aprehendidos y aprendidos por pura observación en las reuniones en que era un chico y las cosas sucedían mientras él corría por el patio o jugaba con los primos. La botella de Gancia o Cinzano sobre la mesa redonda del patio, junto a la parrilla improvisada sobre una chapa y dos o tres hileras de ladrillos mientras los grandes conversaban y se reían. Las mujeres iban y venían con vasos para llenar y algún platito de aceituna. El aperitivo se preparaba con hielo y limón del verdadero, del de los árboles y, mientras tanto, el carbón empezaba a crujir. Para entonces la línea imaginaria de peligro se había instalado. Los chicos, lejos del carbón, de los vasos de vidrio y del alcohol. Cuando Analía y Ricardo, lo vecinos, llegaron cada uno con un vaso de Gancia en la mano (la botella la habían dejado en la casa), el gesto de alegría en la cara de mi viejo se transformó. Se le fruncieron las cejas, l...