Engaños
Febrero 12
Engaños
Todo es una farsa. No quiero citar a Borges porque es como
mucho pero lo cierto es que sentada frente a esta netbook, agradable los 24
grados centígrados, debajo del ventilador de techo, el día que ahora inicia a
las nueve y catorce, mis manos deslizándose sobre el teclado como si fuera una
pianista. No. Nada de eso.
Sí, por supuesto, hoy es 12 de febrero y no puedo evitar
pensar que hace un mes nomás lavaba y relavaba prendas de toda índole para
después hacer mi gran trabajo doméstico de líder organizadora de bolsitos,
bolsones, valijas y valijones. A punta de Bic, sobre cuaderno rayado, guionaba
los distintos ítems señalados. No olvidar el protector solar. Claro que la
preocupación venía a refritar un olvido pasado que ahora con pensamiento de
mujer superada veía como una nimiedad. Y bueno si me olvido de algo, allá se
comprará, tampoco es que vamos a una jungla.
De todas maneras siempre es mejor dejar todo lo más listo
posible. Porque es verdad que vamos a una ciudad con mar pero de todas maneras
si una puede prevenir una necesidad con algo que está en casa. Por qué no.
Y me pasa esto que seguramente a mis lectores y lectoras también
les pase. Y es que mientras voy y vengo, me olvido, vuelvo a ir porque me
acordé, me importa tres pepinos o cuatro, en mi cabeza retumba la musiquita del
tiritando de Donald una y otra vez. Y me imagino el amanecer y caminar por el borde
espumoso, las gaviotas y la paz. El sonido del mar, el pelo golpeándome la
cara. Y me pregunto por qué el frío del alma de esa mujer lo hacía tiritar a
Donald. Voy a Spotify, busco el tema y lo escucho, y también me pregunto por
qué para Donald, la mina es una ola muy pronta a romper y me repregunto de
quién está hablando. ¡Es generacional! Donald era un avanzado porque intuía que
esto del patriarcado iba a saltar en cualquier momento. Claro. Y otra que te
agarre un agua viva, ni el vinagre te va a salvar. Dios mío, hay una versión en
inglés. Es internacional. Espero, pero no busco la versión en el resto de los
idiomas.
Ven: así estamos en casa, con una madre agobiada por los
calores de un horno que el año pasado trepó a temperaturas impensadas.
Hace un mes… ¿comprenden?
Hace un mes era una mujer guardando trajes de baño en la
valija y hoy esa misma mujer escribe sobre su netbook el recuerdo para que se
fije ahí como un cartel de publicidad. Lo bueno si breve dos veces bueno. Todo
lo bello se acaba. La felicidad es un estado de ánimo y no sé cuántas naroskiadas
más. Mi felicidad se esfumó, se desarmó como la espuma en la arena.
Mañana otra vez Buenos Aires va a ser un horno, sin playa,
sin traje de mar, sin la musiquita de Donald tiritando en mi memoria.

De Donald a Gardel sin escalas: "Volver con la frente marchita". Acá estamos en la misma, preguntándome cómo será este calorcen escuela sin ventiladores! Abrazo!
ResponderBorrarGracias por leerme. Abrazo
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