DIOS ERA PSIQUIATRA

 

Colapso.

Busco un psiquiatra que me explique por qué a veces las palabras no salen o no las encuentro.

Otras, es peor, no es que no salen, sino que se tropiezan dentro de la boca, chocan en la lengua, contra el paladar, dan de bruces entre los dientes y empujan agarradas entre los labios que intentan abrirse.

Los demás seguramente lo han notado. 

Pero las palabras, cada una deshaciéndose en la boca como un chocolate duro, desmembrándose en letras que intentan asomarse primero, así, con o sin barbijo.

Eso. Era eso lo que quería contarle.

Sin embargo, se me salieron las dos muertes de estos dos pibes. Uno que soñaba con vivir a veces y otras con irse a descansar. Otro de repente, solo, ensimismado, con la boca tocando el pecho y una cartita en el bolsillo del pantalón.

Las dos: crudas e inexplicables muertes de cuerpos y almas jóvenes.

Y se escapó el rito, el agua que guardaban mis pestañas.

Hubo también una pelea, una intrusión, una violación de territorio ajeno.

 

Los cuerpos golpean con fuerza como los torrentes de agua, se suicidan cada vez, se rompen, se despedazan, se entregan, se dejan.

 

Dios estuvo hoy y me pidió disculpas por no poder escucharlo todo.

El mundo pesa, le dije, es el infierno.

Es una condena, dijo Dios, salga de ahí, salga. Es como estar sobre un alud y pensar que se puede vencer, salga, sálvese, córrase.

 

No pude mentir mi sorpresa y mi compasión por este Dios que estaba despidiéndose

 

Llegué con estas muertes y vinieron tantas.

Da vergüenza, Dios, este mundo despiadado. Esta soledad inmensa, este sentir que todo lo hecho es en vano.

Me llevé la imagen de los malvones rojos en el jardín de entrada haciendo un círculo, tal vez un mandala, un espacio para acunarse, para correrse del dolor del mundo que es la impiedad de los estúpidos, perdidos en los detalles decorativos o en las ceremonias de la muerte.

Y no choqué los puños. Le di un abrazo fuerte. De esos abrazos que Dios necesita para irse tranquilo a pesar de la medicina.


Después de varios días pienso que este psiquiatra se quedó sin traje de superhéroe y esta docente con cargo jerárquico también se miró y se vio de pronto en carne viva frente al mundo que ahora pesa más. La humanidad desnuda. La guerra que todos piensan que no pasó ahora porque así es mejor, porque para qué pensar en que otros sufren, para qué bajar el pie y tocar el agua que está helada. Sigamos debajo de la frazada creyendo que así es mejor, que así no pasa nada, que si no lo veo, el cuco no está.


Comentarios

  1. Ay cuánto duele esto la pucha! Saber que estamos solitas sin Dios y con estas historias tan difíciles!!!

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