Sobre las fiestas en Pandemia y no
Un karma o el karma (nombre masculino. En la religión budista y en el hinduismo, creencia según la cual toda acción tiene una fuerza dinámica que se expresa e influye en las sucesivas existencias del individuo.) es un karma. En estos años de revelación respecto del matriarcado y el patriarcado, el karma es varón y te persigue. Por lo menos ahora empezamos a atrevernos a poner en palabras lo que antes no, haciendo honor a este blog.
Que llegue el advenimiento del niño Jesús o el fin de año reúne una serie de cuestiones e individuos, con o sin barbijo, que preparan un combo excelente que debería acompañarse con una dosis de veneno líquido (literal y metafórico). Suena el teléfono, ya no es el ring ring y corrés a atenderlo porque a Telecom o Telefónica o como sea que se llame la compañía, ya la descartaste de tu vida después de pagar durante meses por un teléfono que ni sonaba ni te arreglaban para que después, si realmente sonaba, te llamara tu mamá para saber si vos la habías llamado porque en su casa acababa de sonar el teléfono y no alcanzó a atender. Y si bien vos ya estás en una edad en la que no ves un carajo, tu vieja ve peor y no le pidas que cabeceé mirando el identificador de llamadas que vos misma/o le enseñaste a usar para que no repita actitudes que es inútil que va a volver a repetir.
La cuestión es que el teléfono sonaba porque tu mamá te llamaba.
Ahora ya no suena: uno porque lo diste de baja y dos porque tu vieja ya maneja el celular usado que en tu egoísta acción le regalaste y ahora te llama por teléfono (siempre desde whatsapp).
Vos no te desenganchaste del laburo o tal vez estás laburando. Mamá llama para decirte que qué hacemos para Noche Buena y como siempre es 23 y son las siete de la tarde, la calle arde a pesar de los pesares y aunque no tenés todos los “pan dulce” listos para meter en el horno y ya ir terminando, no. Ella necesita la respuesta pero te dice que no importa, que lo dejés. Vos tratás de decirle que si quiere, vos comprás unos ravioles o asado o pollo (que ya tenés frizado en tu heladera a medio explotar pero te hacés la que responde a la voz de la organización y es por la paz mundial) y tu madre comprende (lo sabe) que estás recontraenquilombado/a pero igual avanza de casillero y te dice que tu hermano/a ha decidido ofrecer la casa de su suegra con su jardincito amplio para cumplir protocolos pero que la semana pasada ni tuvo el tupé de venir a la fiesta de egresadito del hijo de tu hermana o sea tu sobrino por el que ya rompimos los protocolos anticovid tres días antes e hicimos el karaoke habitual por el que nos ofendimos todos porque siempre terminamos cantando lo mismo y si no se va con cara de culo el que canta tango, se va con la misma cara el de Franco Simone o el de Eros Ramazzotti o el que alegra la reunión con las canciones del grupo Vivencia.
Finalmente, tu viejo, que no escucha bien pero que se niega a usar el audífono, no entiende que decís que sí a lo de la casa de la suegra y grita un iupi porque piensa quedarse en casa y hacer un asado (mi viejo se niega rotundamente a salir de su casa en fiestas aunque el resto de su vida, menos este año de Pandemia, vive más en los bingos o casinos con mi vieja que en su casa) y tu vieja que no puede con su cuerpo, que está harta de limpiar, que nunca le va a quedar la casa limpia como a la suegra en cuestión donde te podés mirar en el piso y saludarte y acomodarte el pelo y hasta la bombacha, estalla porque cómo puede ser si llamó para decirte que iban a ir a lo de esta señora suegra que ahora tu padre diga iupi entonces quiere decir que en realidad no quiere ir, que siempre lo mismo, que mejor te llama después y vos que pusiste el celu en alta voz, que estás cocinándote en tu propio horno, entendés que la escena de todos los años vuelve a repetirse y caíste otra vez en la trampa. Escuchás que tu vieja lagrimea, te dice que compró todo para hacer la misma torta que hace todos los años, pero que no encuentra las recetas porque vos y tus hermanos dejaron todo en su casa de tres pisos y ella no tiene lugar para guardar los tres cuadernos Gloria donde copió la receta. Y entonces, entre el Covid, TN, la muerte de Maradona, los chinos, Trump, sentís que te va a dar algo y tenés un dejá vú, volvés a tu adolescencia rebelde, se te cruza el diccionario entero pero preferís ser vos misma entre el calor del horno y el olor a quemado y decís, okey, decreto, decido, es como la ASPO y la DISPO, estas fiestas me quedo en casa, con Raimundo debajo de la mesa, como pan duro pero listo, fin, chau chicos y feliz Navidad.
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