Sobre la importancia del tratamiento para los cabellos y el embellecimiento femenino

 

Siguiendo con la etapa juvenil de mi vida, lejos estaban por esas épocas el botox y la queratina. Baño de crema, un huevo en la cabeza o algo así. Ningún planchita. Podías ir a la peluquería o bien hacerlo por tí misma.

Con mi hermana solíamos dedicar los sábados para todos estos menesteres. Luego, con el correr de los años, nuestras primas menores crecieron y la reunión de arreglo de cabello se hizo masiva. Pero volviendo a aquellos sábados, recuerdo uno en especial muy importante o inolvidable. Mi hermana y yo todavía reposábamos en cada una de nuestras camas cuando mi mamá apareció con dos potes de crema y nos anunció:

-Miren chicas, les compré baño de crema.
-Joya- pensamos nosotras y manos a la obra.
-Mirá- le dije a mi hermanita- mamá compró dos, haceme con el pote verde.

Y así fue. Mi hermana me aplicó la crema, colocó un plástico sobre el cabello recogido, toalla y secador. Después enjuague y una belleza de resultado.

Luego siguió mi hermana.
-Mejor probemos el pote blanco con tapa naranja y ahí fui yo y le apliqué la crema. Masajeé el cuero cabelludo, así decían que era conveniente, y siguió el plástico, la toalla y el secador.

Mi hermanita se enjuagó, se secó, se cambió y se fue al club a jugar el torneo de vóley.

Cuenta mi querida Anita que el entrenador le llamó la atención durante todo el partido por su distracción. “Por favor, dejá de rascarte la cabeza y pegale a la pelota”.

Por la tarde noche se repitió la escena de la mañana. Mi hermana y yo, cada una en su cama, mi madre en el umbral de nuestra habitación pero esta vez con el pote de baño de crema blanco con tapa naranja en una mano.
-¿Se puede saber quién de ustedes me gastó el pote de crema para manos?

Yo hubiera preferido cerrar la boca pero no tuve opción y admití mi error. Mi hermana en tanto corrió al baño a lavarse la cabeza.




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