Sobre el armado de piletas y la liberación femenina de Paulita y Anita Bessone


Creo que en estos tiempos en que está tan en boga la discusión acerca de la violencia de género, el feminismo y la importancia de establecer claramente nuestra igualdad de derechos frente al género masculino, no está mal instalar temas referidos a nuestros intentos de liberación.
En casa los hombres se dedicaban a temas masculinos y las damas debíamos aprender quehaceres domésticos. Eso sí, con la ventaja generacional de acceder a la escuela secundaria, a la facultad, tema un tanto más difícil para mi madre y ni que hablar para mis abuelas.

Los hombres (mi santo padre y mi hermano) ejercían oficios consistentes en el arreglo de canillas, uso de martillos para poner cuadros, por ejemplo, y nosotras teníamos la horrenda tarea de limpiar, lavar, planchar, cocinar, ordenar, etc. La cosa estaba tácitamente planteada así de modo tal que si una de nosotras barría el piso y se nos salía el cepillo del palo, la obligación de colocar el clavito era de ellos.

Pero, nosotras, todas unas adelantadas, un día compramos una Pelopincho (digámosle a partir de ahora piscina porque es más fashion) y tomamos la férrea decisión de actuar por nosotras mismas en un acto heroico de liberación femenina de dimensiones inconmensurables.

Dicha piscina venía en una caja y junto a ella traía un VHS con las instrucciones de armado. ¿Qué más podríamos necesitar? El único problema fue que según nuestros cálculos la pileta no entraba en el patio y no quedaba otra que armarla en la terraza. Decididas, valientes y esforzadas pusimos el casete en la video y arrancó nomás la explicación (tipo un tutorial de Youtube). Nada es fácil pero la función Pause vino bárbara porque mirábamos, poníamos pausa y subíamos y bajábamos la escalera. Al principio se nos complicó porque la primera indicación consistía en colocar la bella piscina sobre el pasto pero en la terraza no había. Ok, va sobre el asfalto o como se llame al piso de la terraza. Había que extender la lona, lo azul para fuera, los dibujitos para adentro y separar los caños y las esquinas.

Subimos las dos la inmensa caja, la abrimos y comenzamos a ordenar los materiales. teniendo cuidado de no perder tuercas, ni tornillos, ni tapón y que los perros no se tragaran nada. Volvimos a despausar el casete y siguió que el caño de tal medida va acá y el de esta otra medida va allá y entonces tuvimos que pedirle a mamá que nos prestara el metro del costurero. Con esfuerzo y paciencia al cabo de un rato largo, bueh… bastante largo, logramos armar la pileta. Un plomazo lo de las tuercas y los tornillos pero pudimos hacerlo. Entonces estuvo todo listo para llenar la pileta y con las bikinis puestas esperamos para darnos el chapuzón inaugural. En eso cayó Mc Giver (así le decimos a mi hermano porque arreglaba todo) y agarrate Catalina. Después resulta que nosotras somos las histéricas cuando nos viene la regla. A los gritos, que la pileta mide tanto por tanto por lo tanto la cantidad de litros de agua que pusieron equivale a tantos kilos sobre la terraza y justo no está la viga. No hay problema. Prontas a solucionar el equivoquito sacamos el tapón y para qué. Que así no. Que poner una manguera que vaya al desagüe y a desarmar y a armar de nuevo y poner la piscina sobre la viga que está acá pero no donde ustedes la pusieron y porqué no esperan que nosotros lo hacemos y qué instrucciones ni video que yo la armo solo sin mirar que es lógica pura. Y bueh.

Una vez armada la pileta no había más que guardar la caja. Así que eso hicimos. Cuando la dimos vuelta vimos con sorpresa que en la parte inferior estaban escritas las instrucciones.
Ok. Si alguien nació aprendido que avise che.

Además, si la querés armar vos que sos tan macho, armala y nosotras, miramos.






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