Días

 Voy a escribir por escribir. Es que me ganó la tristeza. Una tristeza profunda y sin nombre. Muda como esta guerra que no tiene nombre ni fin.

¿Qué está haciéndonos el dolor?

¿En qué nos hemos convertido?

Eso que lastima desde hace años ahora, descaradamente, se mete con los héroes.


Estas manos que ya no sirven porque hacen y hacen y hacen y para qué.

Sí, son molinos de viento,
Molinos,
no existen enemigos
más que la milimétrica muerte ganando los vasos sanguíneos de tu cuerpo, de mi cuerpo.

Me gana el pánico, el miedo a sufrir, a que dance en derredor la incertidumbre, lo indecible, los viejos escenarios de leves luces tenues y olor a claveles. El olor a muerte y a desamparo. La prisión que espera en cualquier hotel de CABA sin cortinas ni decorados. Para acabar boca abajo con suerte en cualquier terapia si Dios quiere o en algún pasillo, en ambulancias que giran buscando descargar los bultos.

La muerte te toca y me toca y tu estúpida incomprensión, tu ceguera.

Hoy fue un día de esos en que nada parece servir. Esos días que se nublan hacia adentro, se oscurecen hacia adentro y paralizan las ideas.




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