Reunión de padres en el Jardín
A Griselda
A Cristina
A Moni
que me acompañaron, que no pudieron ver egresar a sus hijos, bellas todas, tan necesarias y queridas
Reunión de padres en el Jardín o mejor, clase abierta de Inglés, o de Plástica, o de Computación o de lo que sea. Dos niños movedizos como todos. Levantarse a la mañana, una especie de película de suspenso en la que una sabe qué tiene que hacer pero jamás cómo va a terminar. Casi a punto de salir, después de levantar con amor a cada uno, de cambiarlos, de darles la leche, de volver a cambiar al bebé, de cambiarme a mí misma con ese olor espantoso a regurgite en el hombro, de preparar ese bolso inmenso con todo por sí las moscas y se hizo tarde entonces a pedir un remis que saldrá una fortuna pero qué se le va a hacer. Cansancio. Pensar que ya no falta nada. “Mamá, tengo que ir, ahora, ya”. Bueno amor, andá. Y ahí volver a empezar y decirle al pobre hombre del remis que espere. Que el pobre hombre del remis se transforme en un delincuente de los peores cuando te toca bocina, saca la cabeza por la ventanilla y grita llamándote y te dice que no tiene todo el tiempo y vos corrés, subís como podés con el bebé, la manta, el bolso, el otro nene muy chiquito y subís todo al mismo tiempo no sea cosa que se cumpla eso que te decían cuando eras chica de los gitanos o de cualquier tipo que te robara a tus hijos y finalmente te deja a media cuadra, te cobra una fortuna, nunca jamás se baja a darte una mano porque es la bestia no el príncipe de Cenicienta y te tira el humo en la cara de un cigarrillo que antes de que bajes ya se encendió. Y caminás con la bronca, el cansancio, con la firme certeza de que la historia acaba de repetirse y vas a llegar cuando todos ya estén ahí acomodados. Entonces ves desde allá a media cuadra a una pareja conocida verte venir y sonreírte porque ellos también bajan dos criaturas y un bolso y han llegado tarde.
-Fuerza madre, vamos que usted puede.
Y vos sentís que en ese preciso momento tomaste la decisión firme y contundente aunque el mundo se parta al medio y vuelvan a caer las torres gemelas: un hijo más y me compro un batón, unas pantuflas, unos ruleros y una redecilla y nunca nunca nunca más vuelvo a salir de mi casa.
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